Sultán del Swing por una noche

Archivado en: música, varios — drvirgilius @ 2:35 am 7 Abril, 2008

Hace ya varios meses, allá por octubre de 2007, me enteré de que Mark Knopfler daría un par de conciertos en España. Un servidor apenas se lo pensó y así, lo primero que hice fue ponerme en contacto con mi buen amigo y camarada Diego, una vez compradas las entradas sólo restaba esperar. La verdad es que tras escuchar el disco All the road running mis espectativas eran muy bajas, tenía claro que si el concierto se basaba en ese álbum el único aliciente que me quedaba era ver al líder de Dire Straits en directo.

Una vez en la puerta del palacio de los deportes y tras un día un poco ajetreado por fin entramos y encontramos nuestras butacas, definitivamente estábamos en el quinto pino, pero bueno, era Mark Knopfler en directo. En el centro del escenario podía verse una stratocaster iluminada por unos focos azules, la cosa no pintaba mal.

El concierto empezó con Cannibals, continuando con temas como Why Aye Man, Sailing to Philadelphia, What it is, The fish and the birds o Hill farmer’s blues. Parecía obvio que me había equivocado, el concierto no se basaba en All the road running sino en todos los discos de Knopfler en solitario. Fue entonces cuando un piano comenzó a interpretar una introducción que no fui capaz de reconocer; sólo cuando entró la guitarra me di cuenta de que era Romeo and Juliet.

A partir de ahí todo empezó a pasar a un ritmo trepidante; con apenas unos segundos de pausa, comenzó Sultans of swing y no a duras penas pude contener la emoción que me asaltó. El palacio de los deportes se levantó y acompañó con palmas la mítica canción de Dire Straits al tiempo que la coreaban. Las canciones que siguieron bajaron bastante el ritmo del concierto con varias canciones de sus discos en solitario (Marbletown, Daddy’s gone to Knoxville, Postcards from Paraguay y Speedway at Nazareth) y llegó al que pensamos que sería el final del concierto con Telegraph Road.

La banda se hizo de rogar unos minutos retirándose y volviendo a salir tras la aclamación popular que exigía que el concierto no terminara ahí. Llevábamos casi 2 horas de concierto y el primer bis trajo a nuestros oidos las primeras notas de Brothers in arms, el apocalipsis llegó y todos los sentidos de un servidor se colapsaron al presenciar en directo una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.

Sin tiempo para recuperarse llegaron Our Shangri’la y So far away, momento en el que las vallas y sillas de los que estaban sentados a pie de escenario (malditos suertudos) quedaron a un lado para dejar a la gente acercarse al grupo y mostrarnos, aunque sólo por un par de canciones, la forma en que debería de haberse planteado el concierto. Como cierre del concierto Mark Knopfler interpretó Going home, sin lugar a dudas el final de fiesta perfecto en una noche redonda. Definitivamente dios existe y utilizó una guitarra para deleitarnos durante más de 2 horas y cuarto.

De esta forma, un servidor hace realidad un sueño de muchos años y puede ahora concentrarse en los otros 297 sueños restantes, jejeje.